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 Quiero ser como tú.

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Chachii

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Localización : Maldonado

MensajeTema: Quiero ser como tú.   Lun Abr 05, 2010 2:02 am



Resumen
Bill es un chico que vive bajo la sombra de mentiras de su madre, la cual se empecina en hacer con él, el hombre que ella siempre quiso, sin éxito. Para lograr su cometido, se lo lleva lejos a penas divorciarse, aislándole por completo de la sociedad. Esto genera en Bill un montón de sentimientos confusos, hasta que se acostumbra. Pero todo se torna extraño...a sus 16 años quiere y anhela un amigo. Tan solo un amigo. Y a causa de una confusión, le perderá, y puede que sea para siempre.

Género
Angustia, Drama, General, Humor, Romance, Tragedia

Advertencias
AU=Universos Alternos, Chan=Adulto/Menor, Incesto/Twincest

Trailer


Publicada
05/04/10
Actualizado
08/04/10

Capítulos
Capítulo 1 [Abajo]
Capítulo 2 [Abajo]
Capítulo 3 [Abajo]
Capítulo 4 [Abajo]
Capítulo 5 [Abajo]

Capítulo 1

Paz y tranquilidad.

Sí, era lo único que podía sentir en aquel momento de mi vida.

Tumbado en el césped, suspiré mientras mis ojos se cerraban a causa de la inminente luz del sol. No me negué y obedecí bajando los párpados con suavidad. Oía el sonido suave del viento, así como también sentía sus consecuencias. Mis cabellos se movían como un lento compás, tan armónicos que sentía las puntas del mismo acariciar mi suave y pálido rostro ocasionándome cosquillas, suaves y agradables cosquillas. Sonreí de lado y ladeé mi rostro apoyándolo sobre algo de césped y tierra mezclado con mi cabello. Era suave, podría estar de ese modo durante horas sin cansarme ni aburrirme. Aquella sensación, aquel sentimiento sin dudas era uno de los que tanto buscaba hacía mucho tiempo. El estrés y el trabajo duro no eran para una persona como yo. Amante de la paz...de la serenidad...del silencio que me proporcionaba la naturaleza a mi alrededor. Poco a poco al oír el retozar de las hojas a mi alrededor, levanté mis párpados paulatinamente, mientras mis pupilas se adaptaban a la luz otra vez.

El paisaje era sencillamente perfecto. Mordí mi labio inferior y sonreí ampliamente. Las flores bailaban, utilizando el viento como su única música. Era...era como si estuviese viviendo un sueño. Y realmente no me apetecía despertar.

Me incorporé, dejando una de mis manos apoyadas aún sobre la húmeda tierra, notando como mis dedos se hundían en la misma a causa del peso de mi cuerpo, observé el hermoso bosque que nacía ante mis ojos. Sí, la perfección existía y la tenía ante mis ojos. Me levanté despacio y tomé una gran bocanada de aire, que hasta pude sentir como llegaba hasta mis pulmones de lo puro que era el aire. Sonreí otra vez; era difícil no sonreír. Acomodé mis cabellos y miré hacia el bosque naciente frente a mí otra vez, caminando decidido hasta el, poco a poco. Le tenía algo lejos...estaba en el centro de la pradera.

Eché a correr con rapidez, sintiendo como algunas pequeñas plantas rasgaban mi pantalón, pero no me importó. El sentimiento de adrenalina y felicidad que sentía era aún más fuerte que el dolor de algunas espinas traviesas clavarse en la piel de mis piernas. Reí alto mientras sentía el viento chocar contra mi cara, dificultándome levemente respirar. Mi cabello estaba echado totalmente hacia atrás. Iba tan rápido...era tan intenso. Seguí riendo bajito hasta adentrarme en el bosque, sintiendo como la hojarasca se quebraba ante mi peso.

Sonreí de lado y enseguida me quedé quedito contra un árbol, mirando la cantidad de vida que había allí. El ruido del silencio era el mejor acompañante. Acaricié el tronco del árbol a mi lado y le miré con adoración. Cada una de sus curvas. Tan anciano. ¿Cuántas cosas había presenciado? No había vida más pura que aquella. Poco a poco me fui deslizando hasta su raíz, donde me senté a sonreír y sentir el ruido de hojas vivas revolotear a mi alrededor. Era inevitable mirarlas...sintiendo sus risas alegres al desprenderse y caer a la tierra.

Una de ellas cayó de manera suave sobre mi regazo, transmitiéndome una sensación tan única; que no tenía nombre. Miré hacia la pradera la cual ya estaba lejos, debía irme...por cómo estaba el sol, en cualquier momento me llamaría mi madre. Suspiré y junté los dedos de mi mano antes de depositar un beso allí y soplarlo a la vida silvestre. Sin más, eché a correr a casa, donde toda la fantasía se habría terminado.

-Hasta que llegas.- me sonrió el ama de llaves.

Era una señora mayor. Estaba seguro de que en cualquier momento se marcharía sin más...lo cual realmente me apenaba, era una mujer genial y la conocía desde pequeñito. Gracias a ella sé muchas de las cosas de las cuales hablo o pienso. Me ha abierto la cabeza de una manera muy delicada y lógica.

-Me entretuve. Lo lamento.- me disculpé cordialmente, pasando por su lado para subir las enormes escaleras, las cuales estaban prácticamente frente a la puerta doble que era la entrada principal de mi casa.

Pisé cada escalón con rapidez, como si mi peso fuera pluma para cada tabla de madera que formaba la gastada escalera, al llegar al segundo piso, miré la planta baja con los ojos entrecerrados, notando que todo estaba demasiado tranquilo. Mi madre no estaba...lo cual era extraño. Ella, siempre estaba. Torcí un poco mi boca y le resté importancia, aunque en verdad estaba curioso.

Caminé sin hacer demasiado ruido por el pasillo, el cual tenía el piso de madera más ruidoso que había pisado en mi vida...hasta se tornaba incómodo pasarse por allí. De todos modos la alfombra roja que le cubría hacía más ameno el caminar por allí.

Desfilé ante dos o tres puertas antes de alcanzar la de mi alcoba, a la cual entré casi con desesperación. Era lo más cercano a mi paraíso...mi propio paraíso. Sin contar aquella hermosa pradera en la cual pasaba mucho tiempo. Era increíble pasar tiempo allí, aunque creo haberlo dejado claro ya...

Me tumbé en la cama boca abajo y solté un chillido de pura gula. Aún era un niño...con solo dieciséis años, era bastante maduro, pero de a momentos me venían esos atacazos ordinarios de niño de campo los cuales odiaba. Si bien yo no era un crío de campo, hacía un buen tiempo que vivía en uno. Todo comenzó cuando yo tenía tan solo cuatro años y mi madre decidió que ya era el momento adecuado para divorciarse. Me sentí feliz aún a mi temprana edad, oírles pelear me iba marchitando mi pequeño corazoncito. Suspiré y mordí un almohadón, sintiendo arcadas luego. Lo de idiota no se heredaba, lo tenía yo porque...era una persona especial supongo. Papá se quedó en la ciudad, es un tipo de negocios que viene a verme alrededor de siete veces al año, me trae regalos y se preocupa por mí llamándome al menos una vez al mes.

Mamá optó por el campo por el mero hecho de querer más privacidad. De hecho la teníamos, pero...cuando se te antoja comida a la media noche y en el refrigerador no hay más nada que comida enlatada –la cual debería estar fuera de la heladera- es como que te deprime...

Mi progenitora es médica.

O varios prefieren llamarla doctora.

Para mí es mamá y ya.

Ella solía pasar mucho tiempo en casa, aunque habían días en los cuales desaparecía por al menos una semana y se limitaba a mandarme e-mails avisándome que estaba tapada de trabajo. Realmente odiaba cuando hacía cosas así. Me pillaban totalmente por sorpresa y no me parecían actitudes de una persona con responsabilidades básicas; cuidarme. Ya sé que estoy grandecito, lo sé, pero es que...es mi mamá. La he visto sufrir, la he visto sonreír, y lo peor fue cuando la vi llorar...cuando su novio la dejó. Yo solo tenía doce, y no sabía qué hacer, fue una situación que preferiría no recordar con claridad, me sabía amargo.

La casa era grande y rústica. El único defecto que llegué a hallarle es el de las ventanas cuando llueve. Si es muy fuerte, el agua se cuela por las rendijas más estrechas y lograr inundar poco a poco la habitación en donde esté situada la ventana. Sin ser eso...quizás el piso de madera, pero, me agradaba. Si tuviese que irme el día de mañana, puedo asegurar fervientemente que me costaría dejarle atrás. Abandonar todos mis recuerdos.

Sentí el molesto rin tintín del teléfono sonar a mi lado. De a momentos, me daban ganas de romper a pedradas los paneles solares. Jamás tendría una existencia medianamente normal con aquel ser plástico lleno de cables que sonaba de un segundo al otro todo el tiempo.

-Hola, habla Bill.- dije con voz aniñada, por las dudas que fuese algún vendedor. Usualmente a las niñas pequeñas ni siquiera les pedían para hablar con sus padres.

-Hola cariño.- me saludó mi madre.- ¿Por qué hablas así?

Tosí un poco. Que embarazoso...

-Estoy con dolor de garganta.- dije aclarándomela un poco.

-Tómate un té de limón caliente...o un té con miel y acuéstate en la cama, creo que la energía de los paneles solares es suficiente como para que te quedes acostado mirando una película.

-Bueno mamá...- susurré, odiaba engañarla, pero odiaba aún más cuando se comportaba de esa manera.

-Hmm. ¿Necesitas algo? Puedo llevarte lo que sea. Tengo un poco de Dineumobron en el botiquín de mi baño, tomate una cuchara de sopa antes de irte a dormir. Date un baño de agua caliente, esto te ayudará a expectorar en el caso de que puedas sufrir un bronco espasmo.- comenzó casi a vomitar aquello.

-Estoy bien...- intenté decir

-Tienes el pijama limpio doblado en el segundo estante de tu clóset. Cualquier cosa que Marie te haga una leche caliente...

-¡Ya mamá basta!- dije totalmente rojo, me avergonzaba demasiado, y eso que no había ningún presente oyendo esto.

-Más cuidado jovencito. Solo me estoy encargando de que te mejores. Ahora ve y haz lo que te dije.- me regañó; y enseguida oí el horrendo ruido que ocasionaba el teléfono cuando la otra parte cortaba la comunicación.

Mi madre es aquella clase de persona a la cual le tienes muy en estima. Te entiende y se encarga de hacerte feliz...aunque realmente se torna horrible cuando se pone así de eres mi bebé y eso. Quiero decir, a todos nos molestaría, y estoy seguro de lo que digo. Suspiré y deposité el teléfono en su base, mientras mi mirada se perdía entre los árboles en lontananza. ¿Qué habría más allá? Algún día tenía que ir. No podía haber demasiado, quiero decir...árboles, naturaleza, plantas, paz, tranquilidad. Estoy seguro de que sería una gran aventura.

Pero no era momento de pensar en aventuras infantiles, sino que era el momento de sentarme a escribir. Sí. Después de volver de mis particulares mañanas en la pradera, me sentaba a escribir en el pórtico de la casa, sintiendo los rayos del sol golpear mi blanca piel. Se sentía bien. Me inspiraba en cierto modo.

Tomé mi cuaderno y unos lápices y bajé a toda pasta por las escaleras, se me había antojado dibujar también. Pues bueno, las tardes en el campo no eran divertidas para nada, en algo tenía que ocupar mi tiempo, y a veces lo invertía dibujando. A mi madre le encantaban mis dibujos. Siempre me dijo que el día que me enamorara de una bella chica, debía retratarla. Que mi obligación como esposo era satisfacerla, mantenerla feliz. Me parecía un poco exagerado, y según las cosas de la tele, los chicos de mi edad no piensan en estas cosas. Pero a caso ¿yo soy un chico ordinario? No, soy diferente a ellos. Mamá me lo dice todo el tiempo.

Di unos tontos saltitos, hasta salir de la casa por completo. Bajé los escalones del pórtico y me tumbé boca abajo en el césped. Dejé que un bostezo saliera de mis labios, aún estaba algo somnoliento.

A veces paso horas preguntándome, ¿qué sería tener un amigo?
Alguien que esté conmigo en las buenas y en las malas, como Batman y Robin. Ellos sí que eran buenos colegas. De a momentos me cuestiono, si de verdad quisiera tener a alguien que esté pendiente de mi constantemente. Pero ya la tengo a mi madre... ¿a quién más voy a querer? ¿a quién más voy a necesitar? Comencé a dibujar, mientras dejaba mi mente vagar en pensamientos sin sentido, o quizás con...pero yo no les daba importancia.

Pasé horas dibujando...pero la idea de tener un amigo, jamás dejó de rondar mi cabeza.
¿Qué se sentirá que alguien te estreche entre sus brazos para consolarte? ¿Cómo me sentiría si me hicieran un regalo que significara mucho para mí? Como me sentiría al enamorarme...suspiré.

Quizás nunca lo sabría.


Última edición por Chachii el Jue Abr 08, 2010 9:46 pm, editado 7 veces
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romib_kaulitz01

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MensajeTema: Re: Quiero ser como tú.   Lun Abr 05, 2010 2:17 am

aaawww q bonito y tiernoo!!!
me encanta, de verdad muuy lindo; seguilo prontoo!!Wink
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Chachii

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MensajeTema: Re: Quiero ser como tú.   Lun Abr 05, 2010 8:47 pm

Capítulo 2


Desperté inusualmente tarde aquella mañana.

Sentí el olor de los inconfundibles waffles que preparaba mamá. Sí, le encantaba hacerme sentir extrañamente americano. Tenía, yo creo, la esperanza de que yo fuese lo suficientemente estúpido como para engañarme diciéndome que esa comida deliciosa que comían los chicos de la tele, era alemana. Pero me resulta irrelevante. Siguen siendo deliciosos igual, y lucen aún más apetecible con la salsa de chocolate. Para chuparse los dedos.

-Tengo tanto trabajo.- le oí decir con un deje histérico en la voz, que significaba peligro.- Tengo que volver a la ciudad en dos días, y aquí hay como mil cosas por hacer.

-Puedo ayudarla si le apetece.- se ofreció el ama de llaves

-No, no, yo puedo hacerlo sola...además son cosas de hombres. Jo. Como si los necesitáramos...Bill cariño ¿me ayudarás verdad?

Me atraganté con un trozo de waffle, y comencé a toser. Me había tomado desprevenido, no solía pedirme que la ayudara con las tareas.

-¡Bill!- gritó y se acercó a mí dándome palmaditas en la espalda.- Ay bebe el zumo Bill, bébelo.- me chillaba y solo lograba que el trozo no bajara.

-Señora creo que...- murmuró el ama de llaves

-¡Bill te estás quedando rojo!

¡Me estoy quedado rojo porque me estás gritando, me pegas en la espalda, me duele y no puedo concentrarme en tragar y respirar mamá! Pensé hastiado. Ella siempre con sus cosas de médico...además, si era tan buena, en vez de mirarme y darme palmaditas, se supone que debería hacer algo de primeros auxilios. Me quejé, tosí y lo escupí de nuevo sobre el plato, total y completamente arruinado, ya no podría comérmelo...o quizás sí.

-Ni se te ocurra.- dijo mi madre viéndome las intenciones

-¡Pero es mi baba!- repliqué

-¡Bill!- chilló sacándome el plato

-Voy a desnutrirme mamá, voy a ponerme anoréxico sino como esos waffles...-lloriqueé

-¡Si estás tan desnutrido te esperas y te traigo algo nutritivo jovencito!- dijo molesta encerrándose en la cocina

Hice morritos y me crucé de brazos sobre la mesa, apoyando mi mentón sobre los mismos, mientras mi mirada se quedaba fija en algún punto en la pared. Ahora me vendría con un discurso o con una receta de alguna nutricionista. Estaba segurísimo. Resoplé y apoyé la frente en mi antebrazo, quedando a escasos centímetros de que mi nariz fuese achatada por la mesa y su horrendo mantel floreado.

-¡Listo! ¡Estás tan desnutrido!- me gritó mi madre histéricamente, sobresaltándome. ¿Qué le pasaba?

-¡Si estás malhumorada no te desquites conmigo!- dije molesto, parándome.

Estaba siendo algo osado. Nunca me imponía ante mamá...siempre era vilmente sometido a sus deseos. Bill come, y yo comía. Bill ve a regar las plantas, y ahí iba yo como un pollerudo a hacerlo. Me estaba hastiando de esa situación. Era mi madre, me tenía que respetar tanto como yo a ella.

-Eres un jovencito insolente.- chilló cruzándome la cara de una bofetada, depositando el plato de verduras sobre la mesa, que había sostenido en sus manos.

Mi rostro quedó ladeado hacia el lado que la mano de mi madre lo había empujado con la palma de su mano. Sentía como me escocía, no me había pegado precisamente suave. Poco a poco fui volviendo mi cabeza a la normalidad hasta mirarla con enojo y frustración. Ella me señaló el plato de comida con la mandíbula apretada, y yo lo tiré al suelo de un manotazo, bajo su atenta mirada, anonadada con mi rebeldía repentina.

Me di media vuelta y sin más, salí de la casa, con el rostro algo duro y un nudo en la garganta. Me sentía mal. Sentía que...estaba decepcionando a mamá...aunque, en aquel momento solo me gustaría tener un puto amigo que me diera apoyo y aliento. ¡Un mísero y puto amigo!

Luego de eso no vi a mamá. Por la noche entré a la casa y me metí a mi habitación, y no salí de ella en todo lo que el siguiente día respectaba. Prefería quedarme leyendo. No era mi manera de entretenimiento favorita, pero era la única que tenía más a mano por decirlo de algún modo.

Comprobé que mi madre ya se había ido de la casa, de nuevo a la ciudad, y bajé las escaleras. Estaba...sólo. Miré hacia todos lados. No solía estar sólo, me daba pánico, pánico, pánico, pánico, pánico.

-¿Bill?- me llamó una voz masculina

-¡AH! ¡PÁNICO!- grité tirándome al piso y haciéndome una bolita

-¡Bill!- se rió a carcajadas al verme en posición fetal en el suelo.

Ah vale, ya conocía esa voz, y acababa de humillarme de la peor de las maneras. Me levanté del piso en silencio y sin atreverme a mirarle a los ojos. Me daba vergüenza. Él siempre supo que yo no era precisamente valiente.

-Hola papá...- dije a regañadientes, mientras él se partía de la risa a costas mías.- ¿Qué haces...? ¡Ya deja de reírte!- chillé molesto

-Lo siento pero...pero es que ha sido comiquísimo.- siguió descojonándose.- ¡PÁNICO!- me imitó agarrándose la barriga

-Ya...que gracioso.- dije fingiendo una risa, para luego golpearle el pecho con fuerza y de puño cerrado, haciendo que dejara de reírse.- Ah, con que de ahí te apagas...- reí bajito

Él me miró unos segundos y luego pasó su fuerte brazo por mi delicado cuello, atrayendo mi cabeza a su pecho, frotando mi cuero cabelludo con sus nudillos.

-¡Ah! ¡Mi retoño forzudo! ¡Arrrgh!- rugió inclinándose hacia adelante, casi haciéndome caer

-¡Papá me duele!- grité entre risas y algunas lágrimas que se asomaban por la quemazón que me producía aquello.

Me soltó luego de unos eternos momentos.
Estoy seguro de que ahí donde me frotó, no me va a volver a crecer cabello...nunca jamás. Hice morritos y él puso una de sus enormes y encallecidas manos en mi omoplato derecho, indicándome que volviera a subir las escaleras hacia mi cuarto. Subimos entre risas, a veces de verdad le extrañaba. Él era ese amigo que yo no tenía, aunque le trataba con respeto. Yo era...su niño bonito, el niño de sus ojos o algo por el estilo. Siempre me aconsejaba cuando le tenía que hacer preguntas, o me hablaba de nuevos looks que podrían ir conmigo.

Él trabaja en todo el medio de la fotografía y el modelaje. Años antes de casarse con mi madre, fue modelo, y uno muy guapo he de acotar, aunque ahora sea un tipo algo barrigón...era mi padre y al fin y al cabo me parecía bastante a él. Así que él, definitivamente, era un tipo atractivo.

-¿Qué haces aquí?- pregunté curioso, mientras abría la ventana

-Te he venido a invitar a pasar unos días conmigo. ¿Te apetece? Hace tiempo que no vas a casa...bueno, muchos años...- se corrigió y mi rostro se iluminó.

-Sería genial.- susurré entusiasmado, dando saltitos.

Jörg, mi padre, me miró con una sonrisa muy amplia y pulcra.
Ojalá mi madre fuera tan buena onda como él. Amable, simpático, carismático, y todo el stress, afuera. Hacía un tiempo que venía mandándome revistas con looks extraños, en su mayoría japonesas en donde los chicos se maquillaban y tenían perforaciones en su rostro. Según tenía entendido eran piercings y dolían como la grandísima madre. Pero siempre quise hacerme uno...unos cuantos.

-¡A que no sabes!- me dijo de repente, sacándome del trance de admiración.- He fotografiado a Megan Fox...

-¿Genial?- dije enarcando una ceja

-...en ropa interior.- agregó.

Ok, eso era preocupante e incómodo. No era que la chica no me pareciera atractiva tenía err...bonitas curvas y eh...un lindo rostro muy simétrico y afilado. Pero realmente no me llamaba la atención verla en ropa interior.

-Eso suena genial. ¿Te la has tirado?- dije sonriendo, intentado sonar casual

-No, no ha accedido, está de novia con un don nadie que se cree mucho.- dijo chasqueando la lengua

-Ah pero eso no te hace un perdedor, conseguirás una chica mucho más...- bonita, con carácter.- sexy y caliente en cualquier otro lado. Megan no te llega ni a los talones.

Me miró como si viniera de otro planeta y enarcó ambas cejas, escudriñándome. Eso me puso demasiado nervioso, por lo que comencé a mover la pierna izquierda en una especie de tic. ¿Había hecho algo mal? ¿Había dicho algo mal? ¡¿Por qué me miraba así?! ¡YA DEJA DE MIRARME ASÍ!

-No hay chica más sexy y caliente que Megan Fox en este mundo.- siseó como si yo hubiera dicho una sandez enorme

-Bueno...pero quizás ella no era lo suficientemente buena para ti, quiero decir...- quizás ella no quisiera acompañarte cuando te sientes mal, y tampoco secarte las lágrimas cuando estés deprimido. Puede que tampoco le interesara charlar contigo sobre los problemas que abrumaban tu vida. A todo esto, puede que ella no fuera buena para ti sino estaba contigo en las buenas en las malas.- ...era pésima en la cama. Puede que te hayas sacado un peso de encima papá, he leído que tiene el orgasmo fácil.- evité ruborizarme.

Comenzó a reírse estruendosamente y le imité sin entender porque se reía.

-Ese es mi muchacho.- susurró con orgullo, palmeándome la espalda.- Pero igual, soy demasiado bueno en la cama, como para hacerla tener muchos orgasmos.

No pude evitar sonreír con falsedad.
Lo único que me molestaba de estar con papá, era fingir que me interesaban sus affairs o las chicas que le gustaban. Oh no, ¡perdón! Las chicas que quería follarse. Suena más realista.

Sin demorar más, me puso al tanto de su vida en un ámbito más normal. Le habían dado trabajo en lugares muy buenos para fotografiar modelos realmente importantes. Iba a hacer grandes inversiones en una compañía y eso le ponía nervioso. Yo lo veo como algo normal. Poner dinero en algo inseguro...dinero que podrías perder.

En menos de dos horas ya estábamos en su coche, mejor dicho, camioneta. Era una Ford Ranger de ensueño, amplia que te sientes en tu propia sala. Tenía un pequeño reproductor de DVD la pantalla era bastante mediocre y te mataba la vista intentar leer los subtítulos, por lo cual pasé de ese sufrimiento, el cual me daría un dolor de vista asegurado. Suspiré y dejé mis labios entreabiertos, mientras escuchaba a papá tararear y bailar torpemente una canción de rap que tenía ahí por descarte.

-No sabía que te iba Samy Deluxe.- me confesó sin dejar de bailar

-No me va Samy Deluxe pero es un tipo con carisma...y Cap Song y Generation me gustan, no lo sé...- murmuré subiendo más el volumen. Tenía un poco de sueño, me apetecía dormir.

Cerré los ojos, apoyando mi frente en la ventanilla. Sentía el vibrar de la camioneta; me molestaba un poco pero podía vivir con ello.
Me abracé a mí mismo y resoplé, mirando fugazmente a papá, quien me miraba de reojo, para luego volver a fijar su vista en la ruta. Estaba algo cansado, yo, no él. Sentía que el fingir me cansaba mucho...pero, fingir ser un tipo que solo busca sexo, es lo que realmente me estresa. Pero no quería decepcionarle.
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romib_kaulitz01

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MensajeTema: Re: Quiero ser como tú.   Lun Abr 05, 2010 11:16 pm

demaas!!! ay por dios pobre bill q tiene una madre o una vieja gruñona¿? jajajajajjaa
muy bueno el cap... subi mas pronto!!Wink
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Chachii

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MensajeTema: Re: Quiero ser como tú.   Mar Abr 06, 2010 6:44 pm

[/b]Capítulo 3[/b]

Cuando desperté me sorprendí al notarme bajo el cobijo de unas mantas de lana, que me estaban sofocando. Inhalé bruscamente y salí de debajo de las mismas. Froté mis ojos y no supe reconocer en donde me encontraba, hasta recordar que Jörg me había llevado a la ciudad con él por unos días. No solía salir de casa a menudo, creo que por eso me costaba relacionar el tiempo y el espacio en el cual me encontraba.

-Dormilón.- se burló. No había notado que me observaba. Siempre tan exasperantemente sigiloso.- Has caído como un tronco, en el auto se terminó el CD que escuchábamos, y las siguientes pistas fueron tus ronquidos.

Le miré con el entrecejo algo fruncido y acabé riéndome por lo bajo, puede que por compromiso y no generar un mal ambiente. Mi papá y su...delicadeza tan peculiar, la cual al llegar en momentos poco propicios –como cuando recién me despertaba- me molestaba.

-Esta noche haremos una salida de hombres.- continuó.- Tenemos mucho que hablar. Y ni hablar de todo lo que tenemos que hacer.

-Vale...- susurré con voz ronca, no me atraía la idea...percibía por donde iban los tiros, y no me tentaba la idea.

Más cerca de la noche, me ordenó que me bañara y perfumara. Me recomendó usar ropa interior sana, es decir sin roturas y que no tuviese manchas de nada. Admito que no me esperaba algo así; pero ser higiénico no era algo que me costara mucho, por lo cual cumplí con lo que se me impuso. Aunque la curiosidad que tenía por tanto detalle de limpieza era bastante grande.

Él también se arregló bastante, lo que me hizo pensar en una cena muy chic en algún lugar muy caro. O quizás ir a alguna de sus reuniones importantes y chulas que son de ensueño porque hay cada modelos que te chupas los dedos. Abrí los ojos de par en par. ¿Yo había pensado eso? Wow...al final se ve que no soy tan asexuado como creía.

Hablamos de algunas tonterías mientras salíamos del enorme y lujoso edificio hacia el garaje particular. Retomamos los mismos lugares de cuando nos vinimos de casa, y salimos pitando. Según papá íbamos con demora. Que emoción, ¿Qué sería?

-¿A dónde vamos?- pregunté observando con fascinación la ciudad.

Ya casi no recordaba como era. Las luces me cegaban un poco, haciéndome ver destellos donde no los había. No me agradaba del todo esa sensación, me molestaba a la vista. Los ruidos me aturdían ligeramente. No estaba acostumbrado ni a eso, ni a ver tanta gente pro la calle. Mi padre lo notó, yo creo, ya que demoró un poco en contestar.

-Ya vas a ver. Estoy seguro de que te gustará.- se limitó a decirme, dejándome aún más intrigado que antes.

Algo que seguro me gustará...podían ser muchas cosas. Y si el lugar era el portador de un posible regalo, se me ocurrían aún más cosas; discos, ropa, revistas, un nuevo look...y la lista podía seguir por un buen rato más. ¡¿Y si era un concierto?! Siempre quise ir a uno de verdad. Verlos por la tele se me hace deprimente, además mamá siempre apaga los paneles en el mejor momento...como si no quisiera que escuchase las letras de las canciones. Pero... ¡un concierto! Sería de ensueño.

Mientras que yo especulaba, logré ver por el rabillo del ojo como Jörg sonreía. Era extraño, él no era de esos tipos que se sonreían por todo. Aunque...era una sonrisa extraña, que me estaba poniendo levemente irascible, como si me estuviera ocultando algo de lo que solo él se puede reír.

-¿Me has traído a un motel?- pregunté incrédulo, y, por qué no, también asustado.

No era que fuese paranoico ni nada por el estilo, pero he logrado ver en qué condiciones está el mundo. Tampoco vivo en el medio de la nada sin contacto con nadie. He visto los noticieros y también he sabido de muchas violaciones de padres a sus hijos. Me resultaba increíble que yo estuviese pensando en eso. Pero yo creo que eran los nervios. Además...papá sería incapaz.

-Sí. Te tengo una sorpresa. Sé que hace poco fue tu cumpleaños número dieciséis y no te envié nada porque sinceramente lo olvidé por completo.- se quedó pensativo y enarcó una ceja, como hablándose mentalmente.- Y este regalo, te durará para toda la vida.- me sonrió con camaradería.

Admito que no entendía del todo su comportamiento, habían cosas tanto de los hombres como de las mujeres que aún mi cerebro no lograba comprender.

Bajamos del coche en silencio, no sé si mi padre se percató de que no entendía su mensaje. Tenía la vaga sensación de que seguramente iba a ser algo que me desagradara a menos que involucrara modelos en ropa interior. Me sonrojé un poco. ¿Por qué no paraba de pensar en eso? Se me estaba tornado molesto e incómodo...como que no era propio de mí.

Entramos y las luces del diminuto hall estaban a medias, lo cual me provocaba algo de jaqueca. Cerré con fuerza los ojos y me los restregué, mientras mi padre me ponía una mano en el hombro, como si me estuviese dando apoyo moral.

-No estés nervioso.- se carcajeó bajito

-No lo estoy.- aseguré sin saber porque debía de estar nervioso

-¡Ese es mi muchacho!- rugió bajito, con la voz inundada de orgullo.

Fue en ese preciso instante en el cual verdaderamente comencé a preocuparme. Papá estaba orgulloso porque yo no estaba nervioso de algo que iba a hacer...y estábamos en un motel...y me dijo que era un regalo. Fruncí el ceño, me pareció haber leído en algún lado que los moteles eran los lugares a los cuales se llevaban a las prostitutas que se conseguían por la calle...abrí los ojos de par en par y le miré. Oh no. Tenía el rostro sonriente y el orgullo se le escapaba por los poros. ¡Pero yo no quería acostarme con nadie! ¡Mamá me ha dicho mil veces que hay que tener sexo cuando es con amor! Comencé a sudar frío, sobre todo cuando de la nada, me empujó a un cuarto y cerró la puerta.

Estaba...literalmente...muriéndome de los nervios.

Miré hacia todos lados, como esperando que alguien se me abalanzara encima y me chupara la cara, pero no. Por suerte no pasó. Respiré con tranquilidad, hasta que la luz de una veladora iluminó ligeramente la habitación. La respiración se me cortó repentinamente al ver a una joven y castaña muchacha, recostada a un lado de la cama. Me miró con una blanca sonrisa y me invitó a sentarme a su lado, palmeando despacito uno de los lados de la cama con una de sus finas y largas manos.

-Yo eh...err...- murmuré pegándome aún más contra la puerta. Eran en momentos como ese, en los cuales yo me quería fusionar con el material que estaba a mis espaldas.

-No estés nervioso.- rió bajito y delicadamente, parándose.

¡No bonita, no! ¡No te pares! ¡Yo sé salir de la habitación solo!

Se me acercó con unos movimientos felinos que juro haber visto en alguna de las películas eróticas que papá tenía en su colección de DVD’s alguna de las veces en las que fue a visitarme a casa. Tragué con dureza y ella se paró frente a mí. Era bastante más baja que yo. Sentí como posaba uno de sus dedos en mis labios, como queriendo callar mi nerviosa respiración.

-Tu padre me dijo que era tu primera vez.- siseó pasando la punta de su nariz por mi mandíbula.- Descuida...intentaré que sientas que es con amor...- eso me hizo apretar la mandíbula. ¿Por qué todos fingían? No quería fingir. No me interesaba tocarle un pelo a esa chica.

-Yo no quiero hacerlo.- dije con la voz entrecortada.- Si hubiera sabido de esto...no hubiese venido.- agregué firme

-Oye, no seas así...- susurró poniéndose en puntas de pie para besar la comisura de mis labios.

Tan solo esperaba que fuera producto de mi imaginación...no quisiera darle mi primer beso a una chica que vaya a saber donde puso la boca. Noté que no era mi subconsciente jugándome una mala pasada, sino que en efecto, ella poco a poco fue deslizándose hasta mis...hasta el momento vírgenes labios. Cerré los ojos con fuerza y los apreté al sentir los de ella sobre los míos. No era una experiencia que me resultara...violenta o asquerosa, sino más bien incómoda. Me hubiera gustado que todo fuera espontáneo...

Ella se alejó unos escasos centímetros y me miró a los ojos. Cuando habló, sentí su respiración chocar contra mi boca.

-Tu padre ha pagado un buen dineral por esto.- dijo en un cuchicheo, volviendo a rozar sus labios con los míos.- No lo decepciones...

Eso tocó hondo.

Papá había gastado dinero –innecesario- en algo que él consideraba bueno para mí. Y seguramente que lo hiciera le llenaría de orgullo...porque no podía estar más seguro de que aquella señorita luego le diría con lujo de detalles como estuve y si me demoré mucho. Suspiré y ladeé la cabeza. No me quedaba otra...así que intentaría disfrutarlo.

Moví mis manos y las posé en su rostro con cuidado, como si fuese a romperse, y la acerqué lo que faltaba al mío. Uní nuestros labios primero en un casto beso, hasta que ella los entreabrió y comenzó a hurgar en mi boca. Contuve la mueca de asco. Aquella noche haría cosas peores que esa.

Bajé una de mis manos hacia su cintura, tenía un cuerpo muy perfecto, era agradable de tocar...suspiré para mi interior y la hice caminar de espaldas, hasta que tocó la cama con la parte de atrás de sus rodillas.

Caí sobre ella.
El resto.
No quiero mencionarlo.

Por la mañana desperté enredado en las sábanas, y mi cabeza bajo la almohada. Tenía un nudo en la garganta que me impedí respirar bien. Pero no habían lágrimas ni nada...era sencillamente...tristeza de haber hecho algo que no quería. Aunque planteándomelo de otra manera, si realmente no hubiera querido hacerlo, no lo habría hecho, ¿no? O quizás solo me estaba mintiendo a mi mismo para hallar una buena razón por la cual tuve sexo con una prostituta.

Saqué despacio la cabeza de mi escondite y noté que no había nadie en la cama, lo cual realmente me alegró la vida, aunque el nudo seguía ahí...firme, retorciéndome las cuerdas vocales. Bostecé y me senté en la cama, notando que del lado que había estado ella había un pequeño papel algo arrugado. Al parecer dormido rodé por la cama y lo dejé hecho un estropajo. Lo tomé entre mis manos y miré su caligrafía desprolija y poco femenina.

Ha sido un placer satisfacerte.
Bien dotado, bueno en la cama...le he restado unos...cincuenta euros a tu padre porque cuando te la mamé, tenías el semen más dulce y extraño que había probado en mi vida.
Tienes futuro chico. Y un buen, fiel, bruto y enorme amigo entre las piernas.

Hice una mueca de asco. ¿Eso debía halagarme? Que vocabulario más...asquerosamente vulgar.

Me levanté y me metí al baño, mirando todo, de manera extraña. Me sentía cansado...y tenía un leve dolor de espalda. Miré hacia la cama y la noté muy corrida. Es decir...habían al menos veinte centímetros entre el cabecero y la pared. Recordé como había sido que pasó y no pude evitar sonrojarme. Si bien no me apetecía hacerlo con ella, mi cuerpo respondió un setenta por ciento por mí. Y admito que lo disfruté, por lo menos...sentí placer y fue extraño...pero no...No quería volver a tener una experiencia así. Realmente había sido algo traumático.

Entré al baño y me di una ducha. El agua salía extraña era como...no era del todo incolora, pero ni loco me quedaba sudado y pegoteado por todos lados. Mientras me duchaba recordé inconscientemente varios retazos de lo que había sido la noche anterior, y comencé a sentir un cosquilleo en mi bajo vientre.

-¡Ay no!- chillé al ver que me estaba poniendo tieso.

Un problema de vida acordarme de esa sesión con la prostituta. Aunque ahora por lo menos me sentía un poquito más hombre...pero sigo firme en mi posición.

Soy asexuado.
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romib_kaulitz01

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MensajeTema: Re: Quiero ser como tú.   Miér Abr 07, 2010 12:04 am

aayy pobre bill, xq siempre lo obligan a hacer algo q no queiree??!
esta demas!! seguilo chachii!! me encanta!!! Wink
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Chachii

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MensajeTema: Re: Quiero ser como tú.   Jue Abr 08, 2010 9:30 pm

Capítulo 4


Mi padre irradiaba felicidad por los poros al estar conmigo. Me hablaba de muchas cosas...le encantaba hablarme de sexo, pero no por hacerme poner nervioso, sino porque realmente le importaba que yo tuviera cuidado ahora que ya me habían desflorado. No me molestaba, tampoco era tan quejicoso. Aunque no podía evitar ponerme como un tomate cada vez que me mencionaba que la chica le había contado que yo era muy bueno en la cama a pesar de ser un total y completo inexperto. Él...siempre decía que estaba orgulloso de mí...y no quería decepcionarlo bajo ninguna circunstancia.

Pasamos juntos escasos tres días, ya que mamá llamó histérica diciendo que definitivamente había sido demasiado tiempo. Papá me pidió por favor que no le contara a mamá lo del motel...no quería verdaderos problemas, y considerando como era mamá, seguro que iniciaba acciones legales para quitarle mi tenencia y cosas por el estilo, solo por mala responsabilidad del menor. O sea. Yo.

-¿Tienes todo empacado?- me preguntó apoyado en la puerta de un pequeño cuarto el cual habíamos adaptado entre los dos como mío.

Asentí y continué doblando mi ropa con pesadez. Quería, y no quería, volver a casa. Eso implicaba ver a mamá y tener toda su psicosis e histeria junta...pasaba de tener encontronazos con ella.

-¿Los preservativos?- continuó

-Sí papá. Dos en la billetera, y una tira de doce en la maleta.- susurré avergonzado

-No los dejes en lugares demasiado calurosos...se estropea el material...

Asentí otra vez. A veces me trataba como si fuera de verdad un idiota. Me encantaría demostrarle tanto a él como a mamá que soy más inteligente y vivaz de lo que en realidad ellos creen que soy. Pero otra vez, paso de encontronazos. Mamá se pone violenta, y papá seguramente se reiría en mi cara y me traería a otra puta para tener más sexo. Que patético.

El viaje fue silencioso.

Demasiado.

No era un ambiente tenso, sino sobre cargado de energía, creo que papá estaba demasiado hiperactivo y yo realmente solamente quería que el nudo en mi garganta despareciera, aunque ya se había disipado un poco. Solo quería llegar a casa, tumbarme en mi cama un rato y luego correr a la pradera con un libro. Intentar olvidarme del acontecimiento horripilante que viví mi primer día de estadía en casa de papá.

-¡Nos vemos!- me gritó desde la camioneta, una vez que me bajé.

-Nos vemos papá.- sonreí de lado y le sentí arrancar.

Miré hacia atrás al oír el ruido del motor y suspiré con tranquilidad. A veces hacer cosas de hombres, exigía demasiado, me había estresado un montón. Corrí escaleras arriba, y pude percibir que esta vez de verdad estaba sólo. Pero por una vez en la vida, me alegró esto. Una vez en mi alcoba me despojé de toda la incómoda ropa que papá me había hecho ponerme, para vestirme de manera sencilla con un pantalón deportivo y una camiseta gastada. Me recogí el cabello en una coleta de caballo, y bajé, sintiendo como se golpeaba contra mi espalda. Dejarme el cabello largo era una de las consignas del look que papá me había pedido que adoptara, para una sesión de fotos muy importantes. Yo accedí. Me encantó.

Me desvié hacia la biblioteca y tomé un libro de ciencia ficción, Isaac Asimov. Te idolatro, eres el puto amo. De allí corrí fuera de casa, atravesé el bosque pisando otra vez la hojarasca, estaba enérgico, con ganas de correr.

-¡AH!- grité.

Sí. Con ganas de correr hasta que una trampa me agarró del pie y me dejó colgando boca abajo en la rama de un árbol. Lo peor, yo creo que era que no quedaba del todo colgando...mi cabeza estaba apoyada en el piso, por ende mucho del peso de mi cuerpo estaba soportado en donde muchísimos años antes había tenido la mollera y sinceramente, me estaba comenzando a molestar la sangre bajando a mi cabeza...jodida altura. Putos genes. ¡¿Mamá?! ¡¿Por qué no fornicaste con un enano?!

-Arrgh y me cago en el jodido que dejó esta mierda aquí.- grité dejando el libro en el suelo, para apoyar mis manos como si estuviese haciendo la vertical y así no me molestaba tanto la cabeza.

Sentía que me estaba comenzando a poner rojo. Si seguía así mucho rato mas, fijo que me desmayaba y me violaba un animal o algo. Miré hacia todos lados, mientras gritaba, y la única señal de vida inteligente, fue un perro que vino, orinó el árbol, se llevó mi libro y me babeó la cara. Bueno, eso no era vida inteligente. Perro estúpido.

-¡Juro que cuando encuentre al idiota que puso esta trampa aquí, le voy a dar tantas patadas en el trasero que no va a poder defecar en paz por meses!- grité lo más fuerte que pude, sintiendo que de verdad comenzaba a dolerme la cabeza. Ya me figuraba yo con todas las venas del cuello y la cara saltadas...rojito como un tomatito maduro. Pero aún así me vería lindo.

Cerré los ojos con fuerza y gruñí, cruzándome de brazos, volviendo a apoyarme en mi cabeza. Al abrirlos, una figura...qué bueno...que figura que....oh Dios.

-Sepas disculparme, pero...si pretendes patearme el culo, paso de soltarte.- dijo con simpatía y yo, por motivos que desconocía no podía desviar mi mirada curiosa del lugar más cercano a mi cara, de la anatomía de él...que no eran precisamente los pies ni las piernas...

Carraspeé y me pasé las manos por la cara en el vano intento de no mirarle más. ¿Pero qué mierda me pasaba? Yo creo que ya estoy viendo cosas donde realmente no las hay. Suspiré y se me revolvió el estómago. Me había empezado a sentir verdaderamente mal. Cerré fuerte los ojos otra vez y contuve las arcadas que subían desde mi estómago.

Sentí como la cuerda alrededor de mi pie se aflojaba y yo caía al piso de cabeza prácticamente. Me incorporé mecánicamente, me puse en cuatro patas y me escondí tras del árbol para vomitar. Que espanto...que metida de pata y... ¡qué vergüenza! ¡Como iba vestido! ¡Y encima lo primero que veía aquel tipo de mí, era mi vómito!

-Oye, ¿te sientes bien?- le sentí decir ayudándome a incorporarme.

-¡¿Qué crees?!- lloriqueé.- Quiero a mi mamá.- murmuré sorbiéndome la nariz. Si hubiera sido consciente de lo que decía...me cosía la boca.

Pude sentir la mirada divertida de él en mí y no pude evitar sonrojarme. Me dolía el cuerpo y tenía las piernas entumecidas. Cerré los ojos y pude distinguir como su mano pasaba por mi cintura, y me hacía poner mi propio brazo sobre sus hombros para ayudarme a caminar. Se me estaba revolviendo el estómago de nuevo.

No me preguntó nada, simplemente comenzó a caminar y caminar hasta llegar a la pradera. Una vez allí me depositó con una suavidad que consideraba existiera solamente en los cuentos de hadas, y me miró.

-Luces fatal.- dijo riéndose.

¡Vaya no sabes cuánto me alegra oír eso! Estúpido. Entreabrí mis ojos y pude apreciar su rostro mejor. Tenía la tez bastante morena, pero se notaba que era a causa del sol. Sus ojos avellanados refulgían de una manera...mágica bajo la luz del mismo. Llevaba una de esas perforaciones que tanto me gustaban, y además tenía el look del único rapero que me llamaba la atención. Demás...no logré ver su ropa, estaba demasiado cansado. Sí, soy un quejicoso en ese sentido. Vomito y para mí, se me cae el mundo. ¿Algún problema? No pude evitar sonreír al pensar eso.

-Lamento que hayas caído en esa trampa...no la he puesto yo...- suspiró apartándome los cabellos del rostro, estaba sudando a chorros, que vergüenza, repito.

-No pasa nada, he sido un torpe.- susurré estremeciéndome un poco.- No te había visto nunca por aquí.- agregué intentando que el clima no fuese tan raro. No sabría describirlo.

-No. Soy nuevo.- me contestó sonriendo ampliamente.

Tengo que admitir algo. Una confesión. Pero es secreto de estado.

Que hermosa sonrisa tiene este tipo.

-Vine por trabajo. De hecho estoy construyendo lo que será...mi hogar.- continuó. ¿Podría yo vivir con eso tan cerca de mi casa?.- Es pequeño y probablemente solo duerma ahí pero...bueno. He desistido de todo. Necesito tiempo de reflexión.

No entendí sus palabras, pero por su mueca de tristeza pude notar que no quería reflexionar sobre cosas felices...sonreí de lado y me incorporé despacio, mareándome un poco. Él me sostuvo enseguida, aunque ambos estábamos sentados. Puse los ojos en blanco y apoyé una mano en su pecho. Definitivamente...más de esas trampas debían colgarme de los árboles...

-Lo lamento.- murmuré levantando mi mirada para mirarle, aún desestabilizado.

-¿Qué lamentas?- dijo confuso, ladeando su cabeza

-Lo que sea que te haya sucedido, para entristecer tus bellos ojos.- sonreí y me apoyé un poco más en él y me safé para pararme y comenzar a caminar al bosque.

Él me miró unos segundos, pude sentir su mirada clavada en mi nuca. Le perdí por completo en el momento en el cual me adentré en el bosque por completo. Esta vez fui más precavido. Fui hasta donde había estado la trampa con la vana esperanza de que el perro estúpido hubiese devuelto mi libro. Pero no. Suspiré y el último tramo lo corrí al sentir que me bajaba la presión. Me senté en el pórtico de mi casa y hundí el rostro entre mis manos. Por primera vez en mi vida estaba confundido por una idiotez.

O quizás no fuera una idiotez del todo. Pero ahora ya más...cuerdo, recordando la situación, algo me hacía sentir que andaba mal en mí. Algo no funcionaba como era debido. Me froté las sienes y mordí mi labio inferior, levantándome bruscamente para entrar a la casa. Necesitaba hablar con la almohada. Pero...no podía hacerlo ahora. Tomé asiento a los pies de mi cama y me quedé mirando los árboles allá lejos...donde dije en más de una ocasión que iba a ir. Pude ver que en un espacio en el cual no habían prácticamente plantas, se veían herramientas de construcción. Entrecerré los ojos y me paré, apoyando mi torso en el marco de la ventana, cruzado de brazos. Un pequeño punto moreno se movía y se movía constantemente. Formé un rictus amargo con mis labios y cerré la ventana de golpe.

Tiré flojamente de mi cuerpo hacia la cama otra vez, tumbándome boca arriba, para mirar el techo en el cual tenía pegadas esas estrellitas y planetas que brillaban en la oscuridad. Desde pequeñito que las tenía y aún no las quitaba...dudo que lo hiciera. Me estiré a lo ancho de la cama y torcí mi cabeza, recordando a fuerza de razón, la noche en el motel. Buscando una reacción como las que antes había tenido, sin éxito. Como si aquel tipo cuyo nombre no sabía, se hubiese apropiado de mi cerebro.

Hacía mucho tiempo que creía que las relaciones entre personas eran...pasajeras y con poco futuro. Dejé de pensarlo en el momento en el cual mis ojos se toparon con los suyos. ¿Patético, verdad? Con una sola mirada, y un solo cruce de palabras, me ha dejado prendado de su boca, de sus ojos y de su manera de hablar tan cálida y triste.

Parecía una especie de muerto en vida con unas ganas inmensas de ser feliz...

Por un momento pensé; ¿sería yo capaz de hacerle feliz?. Y luego recordé que soy solo un crío de dieciséis años que no tiene definida su sexualidad y se ha desflorado con una prostituta bajo obligación.

Todo cobra sentido de a poquito. Le tengo miedo a todo. Y si no es bajo presión no funciono. Pero no quiero que me presionen, ¡porque no quiero fingir que estoy bien! ¡¿Por qué siempre llego a la conclusión de que finjo siempre para mantener felices a los demás?! Se terminó. Ya no más. No quiero vivir siempre en una mentira...en una red de mentiras colectivas.

Ni ese chico, ni esa chica habían causado nada en mí. Seguía siendo el ser especial que fui siempre.

Y cada día me convenzo más, de que definitivamente, no me atraen ni los hombres, ni las mujeres.

El amor me resulta irrelevante. Si quiere llegar que llegue y si no, que le den por culo. Jodido Cupido...
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Chachii

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MensajeTema: Re: Quiero ser como tú.   Jue Abr 08, 2010 9:31 pm

Capítulo 5

Perdí la cuenta de cuantos días llevaba preso de mi propia casa. Estudiaba como un poseso. Mamá estaba...como histérica conmigo. Estaba lleno de amenazas por todos lados, y me molestaba horrores. Además, contrató una profesora para que me diera clases...y se encargara de otras cosas de la casa. ¡Loca! ¡Eso era, una loca!

Suspiré y golpeé mi cabeza contra la puerta. Mamá cada día se ponía más irascible e histérica. No entendía el por qué; y a decir verdad, no me interesaba...allá ella y su bipolaridad.

-¡Bill! ¡Ya está la comida!- la oí gritarme desde el piso inferior.

Giré el pomo y salí con languidez de mi habitación. Sentí, como de costumbre, la madera del piso del pasillo rechinar. Salté los escalones con rapidez y choqué con mi madre sin darme cuenta, al final de la escalera.

-Hijo.- susurró abrazándome, apoyando su rostro en mi pecho.- Hijito...-sollozó

Abrí los ojos como platos y me puse tenso...creo que más nervioso y expectante, que tenso. Miré su rubia cabellera y no supe que hacer. Sus sollozos se incrementaban conforme yo me demoraba a reaccionar. Tragué con dureza y sentí otra vez mis cuerdas vocales atarse entre ellas, formando un enorme nudo de lo más tirante en mi garganta. Era...doloroso e incómodo...Mi estómago se contrajo, y como si eso presionara un botón, subí mis brazos para abrazarla también, y acariciar sus cabellos con mis largos dedos.

-¿Qué...?- comencé a decir, y ella se aferró más a mi torso. Estaba comenzando a preocuparme.

-Lo lamento tanto, tanto cariño.- lloriqueó

-¿Qué lamentas?- suspiré frotando con calidez su espalda en un intento de reconfortarla.

-Lamento haberte dejado ir con tu padre...lo siento...- lloró con aparente tristeza, ya no sabía distinguir bien las emociones de mamá.- No supe ponerte los límites necesarios.- chilló separándose bruscamente de mí. ¿Qué mierda...?- ¡Soy una pésima madre!- rugió tirando de sus cabellos.

¿A caso lo sabía todo? ¡¿Pero cómo era posible?! Yo no había soltado prenda alguna, no era tan estúpido como para meter a papá en problemas, y menos a mí...sobre todo, conociendo como es mamá.

-¿Cómo lo sabes?- susurré, para luego sentir hervir mi sangre.- ¡MÁS LÍMITES DICES! – grité sin poder, ni querer contenerme.- ¡Es patético que te de la cara para decir algo así!

La vi cesar un poco su llanto y secar las lágrimas, además de enjugarse unas cuantas, me atrevería a decir que por orgullo. La miré furioso y de manera fría. ¿Qué demonios estaba diciendo? Más límites dice ella que necesito...yo diría y gritaría muy seguro, que necesito libertad, tanto de expresión como física. ¡Vamos! ¡Estoy casi preso! ¿Piensa retenerme aquí toda la vida? Pues...no lo va a lograr...

-¡¿Cómo te atreves?!- chilló

-¡Es la verdad! No haces más que arruinarlo todo. ¡Por tu culpa no tengo amigos!- grité fuera de mí.- Dices que me quieres, que quieres solamente lo mejor para mí, ¡no tienes ni la más mínima idea sobre que me hace mejor a mí mamá! ¡TÚ SOLO QUIERES LO MEJOR PARA TI, Y ESO ES TENERME A MI BAJO TU SOMBRA!- respiré agitadamente.- ¡Y que sepas, que yo en tu sombra puedo brillar más que cualquier estrella! Y solo vas a lograr que desarme tu constelación al irme, y tu forma se irá a la mierda junto conmigo.

Mientras yo hablaba, podía ver como las lágrimas se esfumaban de su rostro. En una milésima de segundo, aventó su mano contra mi mejilla, pero no alcanzó a impactarme, ya que le agarré la muñeca con una fuerza quizás desmedida. Ya no más. No iba a permitirle ni una sola bofetada más.

-¡Ni se te ocurra pegarme!- estaba más que seguro de que mis ojos estaban totalmente fuera de sus órbitas.

Aguantar las lágrimas y hablar a la vez me estaba costando un doloroso nudo en la garganta. Pero tenía que dejarle claro que yo necesitaba libertad...y estaba seguro de que ni así lo entendería, y eso me lastimaba por dentro.

-Bill, me haces daño.- sollozó golpeando mi pecho, yo la solté mecánicamente.- ¡No sabes valorarme! ¡No me comprendes!

-¡No me hables como si fuese tu ligue de turno!- espeté, montado en cólera.- ¡¿Cómo sabes lo que pasó cuando me fui con papá?!

Ella se quedó en silencio y se alejó de mi, caminando al comedor. ¿Intentaba dar lástima? Pues no lo estaba logrando, y con sus actitudes tan solo podía ponerme peor a mí...La seguí a paso rápido, me sentía violento; no podía pasar ni un segundo más en su compañía sin sentir que iba a salírseme de las manos la situación.

-Vi los profilácticos...

-¿Tan reprimida eres, que no puedes decir, vi los preservativos? .- no pude evitar decir, sin embargo, ella continuó como si yo jamás hubiese abierto la boca.

-...en tu mesa de noche.- susurró dramáticamente, frotándose la frente.- Hilé nuestras conversaciones y deduje sin problemas lo que sucedió.

Puse mis manos sobre mis pómulos, apretando la mandíbula con tanta fuerza que me hacía daño. ¡No solo me impedía ser feliz a mi manera, sino que invadía mi privacidad deliberadamente! En mi mesa de noche, guardaba...todas mis cosas...muy personales. ¿Qué más podría haber visto? La miré con desagrado y rechazo, antes de salir del comedor y la casa respectivamente, dando un fuerte portazo.

Por una vez en la vida, estaba comprobando que yo, era una persona infeliz.

Otra vez el nudo en mi garganta...me escocía, y los ojos se me llenaron de repentinas y violentas lágrimas que luchaban por salir. En el vano intento de que estas dejaran de acumularse en mis lagrimales, eché a correr como un poseso. Queriendo olvidarme de mi mísera vida. Y de mi mísero presente...si hoy en día me dieran a elegir otra vida, sin duda alguna la tomaría, me abrazaría a ella y la viviría al cien por ciento. Porque sé, que no soy el único que está viviendo esta situación inmunda que te priva de todo...absolutamente todo.

Porque a veces, realmente lo único que deseamos, es aislarnos de la cruda verdad que nos arruina segundo a segundo, impidiendo nuestro progreso. Nuestras ansias de ser mejores y superarnos día a día. Eso era lo que yo quería, y no podía lograr.

Corrí como nunca...tropezándome con las raíces de los árboles y algunas plantas, me dolían las piernas y el pecho, por la presión. Respirar me costaba...pero no podía flaquear ahora. El oxígeno llegaba de a cantidades pequeñas a mis pulmones. Contuve un quejido e inhalé con brusquedad por la boca, notando el ruido espantoso que hacía al respirar. El pecho me dolía horrores...la dificultad para respirar era cada vez más.

Al llegar a la pradera, me tumbé boca abajo en el césped, echándome a llorar como una niña. No controlé el sonido que hacía, ni me importaba hacerlo realmente...estaba demasiado mal conmigo mismo como para preocuparme por no hacer ruido. Con los ojos desenfocados, levanté la cabeza, viendo bastante lejos de mí al chico de trenzas, cargando una carretilla. Froté mis párpados y continué hipando y llorando en silencio.

El sentimiento de angustia, mezclado con la dificultad para respirar que me producía el bronco espasmo, me estaban matando literalmente.

Apoyé mi mentón sobre mis brazos cruzados, mientras le observaba a él. Varias lágrimas aún se deslizaban por mis enrojecidos labios y mejillas.

¿Querría ser él, mi amigo?

Porque en este momento, necesitaba uno. Que me abrazara, me prestara su hombro para llorar, y secara mis lágrimas con sus dedos...sellando mis labios con un suave beso, demostrándome que me quería. Quizás algún día tendría a alguien que se preocupara lo suficiente por mí como para llegar a amarle y poder llamarle realmente, amigo.

Me incorporé de golpe y llevé una mano a mi agitado pecho. Esas no eran cosas que hicieran los amigos.

Y lo peor, era que me lo había imaginado con aquél tipo que parecía haberme robado el aliento desde que le vi.

Tenía miedo. Mientras le miraba, sentía mi estómago retorcerse. Estaba rozando el pánico, otra vez. Me paré jadeando aún y me quedé como una estatua; totalmente quiero, mientras que lo único de mi cuerpo que se movía, era mi cabello, alborotado por el viento.

Podía divisar con claridad el sudor que perlaba su piel morena. Inhalé bruscamente y noté que me miraba. Me sonrojé y continué corriendo hacia aquellos árboles, los cuales jamás había tenido el placer de ver, oler y sentir. Otra vez tenía miedo. Lo tenía por no saber que me pasaba. Supongo que era la sensación de anhelo que me provocaba el saber que quizás podría tener un amigo. Admito que eso me emocionaba muchísimo.

Me adentré en la espesura, notando lo diferentes que eran los ruidos y aromas. Era extraño y particular...sin dudas, único. Tomé asiento, apoyando mi espalda en alguno de los troncos. Acaricié mi garganta con la yema de mis dedos, sintiendo algo de dolor. Aún me costaba respirar. Necesitaba descansar con urgencia, no quería que mi estado asmático pasara a mayores...no tenía el inhalador, y el nudo en mi garganta era una maldita condena.

Suspiré y cerré los ojos con suavidad, entregándome a la nueva sensación que me producía aquel lugar tan exótico...tan extraño. No noté cuando me quedé dormido...


El ruido del ulular de un búho me despertó, haciéndome sentir desorientado. Estaba todo totalmente oscuro. El cielo estrellado se lograba divisar por entre las copas de los árboles. ¡Me había dormido como el más idiota en un lugar desconocido! Algo salió de entre las ramas, sobre mi cabeza, lo cual me hizo proferir un grito ahogado.

-Mierda.- susurré asustado, levantándome enseguida.

Intenté observar mi entorno sin mucho éxito, no veía prácticamente nada, y la luna estaba creciente, y no daba suficiente luz como para que pudiese guiarme por eso. Un jadeo provocado por el miedo salió de mis labios, convirtiéndose en vapor. Hacía mucho frío...me estaba calando los huesos. Toqué mis brazos y estaban totalmente helados al igual que mis dedos, lo cual me lastimaba levemente a los costados de las uñas.

Caminé un par de pasos y me caí al suelo, clavándome unas espinas en las manos. El grito que salió de mis labios logró desgarrarme la garganta. Podría asegurar que esas jodidas estaban metidas en mi carne. Que...dolor, por...Dios.

-Ah...- lloriqueé, sentándome otra vez en la raíz de algún árbol, mirándome la mano sin mucho éxito.- Mierda, ah...

A tientas, y sintiendo aún más dolor del que yo creía, me las quité de a poco, sintiendo como la sangre corría despacio y caliente por mi helada mano. Eso me causó aún más dolor...pero no quería pensar en eso, porque si no iba a ser peor. Me mordí el labio inferior y me levanté precipitadamente, comenzando a caminar con más cuidado. No tenía ni idea de cómo eran las cosas en ese lugar. Las formas de las raíces sobresalidas de los árboles no eran como las del otro bosque, y me hacían caer constantemente, lastimándome aún más las manos.

-No puede estarme pasando esta mierda a mí.- no pude evitar sollozar.

Estaba realmente nervioso. Pero creo que mi miedo se hizo notar por completo al sentir la hojarasca ser pisada fuertemente, por muchos pies. Comencé a temblar y logré ver una luz a lo lejos, como si fuese de una linterna. Moría por ir y decirles que estaba perdido...¿pero qué clase de gente podía ser si andaba a altas horas de la noche allí? Me tragué el pánico mordiendo mi labio otra vez, el cual ya comenzaba a lastimarse, y continué caminando, hasta que oí un disparo a mis espaldas. Una fuerte explosión. Caí al suelo y rodé un poco, ya que perdí la estabilidad, y allí me quedé...allí acostado al notar que los pasos y la luz se acercaban a una velocidad alarmante hasta mi posición.

-Por favor, no me hagan daño.-supliqué en un montón de susurros, ya que lo repetí un montón de veces.

Oí otro disparo, y sentí mi sangre helarse ya que fue seguido de un grito.

Solo esperaba que mi destino no estuviera marcado bajo la pólvora y el metal de una de esas balas.
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romib_kaulitz01

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MensajeTema: Re: Quiero ser como tú.   Jue Abr 08, 2010 10:58 pm

paa q desgraciado ese chiquilin por dios!! jajaj!!
seguilo pornto!! Wink
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>Mari<

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MensajeTema: Re: Quiero ser como tú.   Sáb Abr 17, 2010 6:41 pm

esta muy bueno!!!
subi capis pronto!!!
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MensajeTema: Re: Quiero ser como tú.   

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Quiero ser como tú.
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