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 El eco de tu voz

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>Mari<

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MensajeTema: Re: El eco de tu voz   Miér Mayo 05, 2010 2:38 pm

jajaja!!!
asiq q Bequer estaba bueno?? no tenia idea!!! jajaja
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Raquelín

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MensajeTema: Re: El eco de tu voz   Vie Mayo 07, 2010 5:00 am

sii está bueno, doy fe xDDD
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Raquelín

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MensajeTema: Re: El eco de tu voz   Lun Mayo 10, 2010 2:46 am

CAPÍTULO 18

-Haces mala cara- comentó Bill mientras subíamos al coche-. ¿Un mal día?
-Una mala noche. Ayer salimos hasta las tantas y bebimos bastante.
-Pero te lo pasaste bien, ¿no?
-Sí, mucho.
-Eso es lo que cuenta- me sonrió-. ¿Están tus amigas en casa?
-Sólo Isa. Belén está en casa de su novio hoy.
-¿Isa es la que tanto me adora?
-Sí, esa- me reí-. Pero no te preocupes, seguro que cambia de opinión en cuanto te conozca. A mí también me caías mal antes, ¿sabes?
-Qué bien- se carcajeó irónicamente.
-Si empiezas por llamarle Isa en lugar de Isabel, todo irá bien.
-¿Por qué?
-Porque es un poco tonta. Dice que su nombre es feo, de reina.
-¿Isabel es nombre de reina?
-Sólo de dos, al menos en España. Lo que ocurre es que las dos fueron muy conocidas.
-Entiendo. Yo también tengo nombre de rey.
-¿Bill es nombre de rey?- pregunté extrañada.
-William.
-Ah, cierto. No había caído.
-En Inglaterra hubo tres. ¿No hay ninguna reina con tu nombre?
-Me temo que no.
-Tu nombre es bonito. ¿Qué significa?
-Una vez me dijeron que significaba “oveja” en hebreo. Raquel era la esposa predilecta de Jacob. ¿Sabes lo que significa William?
-No sé cómo se dice en inglés… es el casco que se ponían los caballeros medievales para luchar en las batallas.
Me quedé pensativa hasta que deduje que hablaba de un yelmo.
-Ah, ya. Qué curioso. No sabía que se le ponía nombres de cascos a la gente.
Se rió bien fuerte, contagiándome su risa histérica mientras sorteaba los coches en la autopista.

Cuando llegamos a Castellón me comentó que sólo llevaba esa bolsa de mano con lo necesario para ese día y el siguiente, y que su maleta volaría con Tom. Me tranquilizó que dijera eso, porque significaba que no había hecho que su hermano se quedara en Alemania. No quería verlo, pero me sentía bastante mal porque se habían peleado por mi causa. No es malo que los hermanos se peleen, pero conocía a Bill lo suficiente como para saber que, si se enfadaba con alguien, se enfadaba de verdad.
Se le notaba relajado mientras subíamos por el ascensor, y deduje que era porque todavía no se había enfrentado a un “cara a cara” con Isabel. Entramos en el piso y percibí un olor a pizza precocinada que provenía desde la cocina y el sonido de la televisión en el salón. No dijimos nada y le indiqué a Bill que pusiera su mochila en mi cuarto.
Isabel estaba tumbada en el sofá, despatarrada como si se hubiese tirado y no se hubiese movido, cambiando con el mando a distancia distraídamente.
-Bueno, esta es Isabel- le presenté-. Isa, este es Bill.
Ella se movió como si le pesara una tonelada el cuerpo y se deshizo de la manta que cubría su pijama infantil de ositos para acercarse a nosotros y saludar al chico. Bill le dio la mano, fiel a las costumbres alemanas sin demasiado apego al contacto directo con extraños.
Ella levantó una ceja disimuladamente y volvió a tirarse al sofá.
-Hay pizza en el horno.
Ahí se quedó la tensa presentación. Tiré de la mano de Bill hacia la cocina y preparé tres platos, ya que casi estaba hecha la comida. Una vez estuvo todo listo me apoyé en el banco de la cocina y él se acercó a mí, rodeando mi cintura con sus brazos.
-Tienes una casa muy bonita- me susurró a unos pocos centímetros de la cara.
-Gracias- respondí colorada.
Me besó dulcemente y yo me pegué todo lo que pude a él, encantada de poder volver a sentir su cuerpo delgaducho contra el mío. Había echado mucho de menos su fantástica voz, mil veces más bonita que por teléfono o por televisión. Y sus suaves labios, sus enormes ojos marrones… lo había echado todo de menos. Y su manera de abrazarme cuando dormía. En ocasiones, cuando me desvelaba a mitad noche, me abrazaba a la almohada y me imaginaba que era su cuerpezucho al que estrechaba. Aunque no era demasiado creíble. Suspiré apoyando mi frente en la suya y le sonreí.
-Me alegro mucho de que estés aquí.
Como respuesta se volvió a acercar y me besó de nuevo, esta vez con un nivel de pasión elevado. Mi corazón aumentó sus pulsaciones y apreté mi abrazo en torno a su figura.
-¿Os pido un hotel?- preguntó sarcásticamente en inglés una voz ronca a espaldas de Bill.
El chico se separó bruscamente de mí y miró a Isabel con una sonrisa traviesa.
-Perdón- me disculpé yo rápidamente tapándome la boca con una mano.
-Haz lo que te de la gana, es tu casa- se mofó ella de mí-. ¿Cómo van las pizzas?
-Voy a sacarlas ya- me ofrecí colorada.
La comida resultó ser bastante más tensa de lo que me imaginaba. Isabel no dejaba de mirarme con ojos entrecerrados, y después a Bill. De repente se aclaró la cargante.
-Bueno, Bill… cuéntame. ¿Qué tenéis pensado hacer en las Maldivas?
-Pues sobre todo descansar. A Tom y a mí nos hace mucha falta, y a Raquel le servirá para relajarse un poco antes de los exámenes.
-¿Tienes algún problema con que Raquel estudie?
La miré con ojos muy abiertos y le indiqué que parara con un gesto disimulado. Ella hizo una pedorreta con la boca i continuó pegándole bocados a su trozo de pizza.
-¿Es bonito Alemania?- inquirió ella de nuevo. Me pregunté por dónde iba a salir ahora.
-Sí, todo muy verde, muy bonito.
-Muy verde… ¿sabes lo que es verde? Las plantas de marihuana. ¿Tienes alguna?- comentó como quien pregunta a cerca del tiempo mientras seguía comiendo.
Bill me miró de reojo sin saber qué contestar. Yo no lo pude soportar y eché a reír. Isabel se puso seria.
-No, no tengo ninguna planta de marihuana- contestó él un poco perdido.
-Ah, eso está bien. Raquel tampoco tiene. Y yo tampoco, ¿eh?
-Cualquiera lo diría- le espeté yo.
Isabel me miró con aire vengativo.
-¿Sabes lo que me comentó Raquel anoche? Que le parecía atractivo un escritor del siglo diecinueve.
Yo abrí mucho la boca indignada, y Bill a su vez me dirigió una mirada de la más absoluta incomprensión.
-Isabel se quiere acostar con un amante de la Guerra de las Galaxias- contraataqué
Hizo como si se clavara un puñal en el corazón.
-Touché. Bueno, Bill- dijo cuando vio que llevaba las de perder-. Tienes un hermano, ¿no?
-Sí.
-¿Gemelo?
-Sí.
-¿Y cómo se llama?
-Tom.
Vi en los ojos de Bill que se le estaba terminando la paciencia, pero no dijo nada.
-Qué nombre más bonito. Yo tengo un tío en mi pueblo que cría ovejas y cerdos… y cabras, también, que se llama Tom. Bueno, él se llama Tomás, pero es lo mismo.
Nos quedamos todos callados, expectantes.
-¿Y Tom se lleva bien con Raquel?
-No- respondimos los dos a la vez.
Puede que mi amiga quisiera acabar con Bill, pero vio algo en mi cara que la hizo dejar el tema. Si no hubiera sido por mi reacción posiblemente hubiera hecho más bromas al respecto.
-Hoy no vas maquillado- observó ella. Yo me puse colorada y recé por que dejara el tema lo más rápido posible-. ¿Por qué?
-Porque sólo me maquillo para apariciones oficiales.
-Pero te gusta pintarte.
-Claro, si no fuera así no lo haría.
-Ah…
Los tres sabíamos que detrás de ese “ah…” había mucho más, pero nadie dijo nada más hasta que recogimos lo que habíamos ensuciado. Después Isabel reivindicó el sofá y nos desterró a mi cuarto alegando que no quería tortolitos que la distrajeran de la interesante telenovela erótica que hacían a medio día.
No pusimos resistencia y Bill y yo nos metimos en mi cuarto sin intención de movernos de ahí en mucho rato.
-No ha estado tan mal- comenté mientras me tumbaba a su lado y nos tapaba con el edredón.
-¿Que no ha estado tan mal? Joder, pensaba que me daba algo cuando ha empezado a atacarme.
-Eso no es nada- le resté importancia-. Ya verás como todo se arregla.
Bostecé y me acurruqué a su lado más aún, muerta de sueño.
-¿Quieres dormir?- preguntó él suavemente.
Asentí contra su pecho y me rodeó con los brazos, haciendo que volviera la sensación de cosquilleo en el estómago que tan especial me hacía sentir. Bill era esa clase de chico que hace lo que necesitas justo en el momento en que lo necesitas. Y en ese instante yo sólo quería estar a su lado y que me abrazara todo el día, sin separarme de su delicioso aroma y su confortable voz.
Se quedó grabado en mi memoria algo que sucedió en algún momento de la tarde, cuando estaba mucho más dormida que despierta y le dije algo sin demasiado sentido.
-Te quiero.
Las palabras salieron de mi boca sin que yo quisiera que sucediera y me crisparon unos instantes. Pero segundos después ya estaba durmiendo, y para cuando tuve un momento de lucidez al cabo de unas horas, tenía serias dudas de si lo había dicho de verdad o lo había soñado.

Cuando desperté serían las seis de la tarde pasadas. Palpé a mi lado en busca del cuerpo de Bill, pero no estaba. Supuse que ya se había levantado, así que me arrastré hasta el salón donde, para mi sorpresa, charlaba tranquilamente con mi amiga.
-¿Estás enferma?- pregunté alucinada al ver cómo hablaban.
Ella me sonrió y le dio unos golpecitos al sofá entre ella y Bill para que me sentara yo. Apoyé la espalda en el torso del chico y la cabeza contra su hombro, y él me rodeó con los brazos y nos tapó a ambos con la manta de manera que pocas veces había estado tan cómoda en mi vida.
-¿Ya sois amigos?- pregunté inocentemente.
Isabel asintió satisfecha.
-Pocas personas se resisten a mis encantos, ya lo sabes- susurró Bill en mi oído. Mi amiga fingió no haberse enterado.
Lo cierto es que tenía razón. ¿Quién podía luchar contra la preciosa voz de Bill? ¿O contra el poder de sus preciosos ojos? Era encantador e imposible de pasar por alto. Suspiré en sus brazos y sonreí contenta de que se llevaran bien.
-Belén me ha mandado un mensaje diciendo que ya viene para acá- me informó la chica.
-Qué genial.
-Viene con ganas de cotillear, así que prepárate.
Solté una risotada y volví a acomodarme en los brazos de Bill, inmensamente a gusto.
-¿Has dormido bien?- preguntó él con una voz limpia y perfecta.
-Muy bien. De hecho, volvería a dormir mil horas más si estás tú conmigo- se me escapó. Qué bocazas podía llegar a ser a veces.
Él me abrazó con fuerza como respuesta, y mi amiga hizo como si no lo hubiera escuchado.
Estuvimos en el mismo plan alrededor de media hora, hasta que se oyeron las voces de Belén y, por sorpresa, de mi prima Noemi.
-Hola- saludaron ambas con chispas en los ojos de ver a Bill.
Hice las presentaciones pertinentes con Belén, quien parecía encandilada con el chico, y Noemi se le acercó como si se conocieran de toda la vida.
-¿Qué haces aquí, Noemi?- pregunté curiosa.
-¿No te acuerdas? Pues qué bien. Se suponía que venía hoy a que me dieras clase de inglés porque te piras mañana y no podrás ayudarme con el examen que tengo el día nueve.
-¿Te han puesto un examen el día nueve? ¿No vuelves el día ocho?
-Sí, pero el profesor es un asqueroso.
-Vale- suspiré-. Pues vamos a mi cuarto que ahora tengo allí la mesa.
Se lo expliqué a Bill con palabras rápidas y nos metimos en mi cuarto para ponernos manos a la obra. Lamentaba perderme los cotilleos que traía Belén pero, ante todo, tener que despegarme del lado de Bill durante hora y media.
Que si pasivas, que si condicionales que si vocabulario… me costaba centrarme en explicar las cosas y hacerlas entendibles, y ella tampoco estaba por la labor. La noche anterior también había salido y ambas estábamos muertas, así que adelantamos entre cero y nada.
Cuando pasó toda la hora salimos con los demás y se quedó a cenar en casa comida china. Belén me informó de todo lo que me había perdido, y Noemi y Bill alucinaban como todo el mundo que escuchaba una conversación en la que participaba Isabel y no la conocía. Gracias a Dios que la conversación transcurría en inglés, porque mi amiga se desenvolvía mucho mejor en castellano, con todas las burradas que decía.
-¿Te lo has tirado en el retrete?- preguntó con naturalidad.
-¿Por qué tendría que hacer eso?
-Yo una vez lo hice en los lavabos de un tren- se encogió de hombros.
-Claro, y como tú eres tan normal, crees que todo el mundo es igual que tú, ¿verdad?
-No tiene nada de malo.
-Es antihigiénico- dijo Noemi con los ojos como platos.
-No es antihigiénico- trató de defenderse Isabel-. Simplemente un poco incómodo, pero bueno, como el tren se mueve pues acompaña…
-Vale, fin de la conversación- espetó Belén pegando un golpe en la mesa.
-¿Y en la cocina?- tanteé yo.
-He dicho “fin de la conversación”.
Todos nos reímos con su color rojo en las mejillas hasta que se hizo tarde. Mi tía vino a por Noemi, y Bill se acostó temprano, así que me puse a hacer mi maleta en silencio para no molestarle.
Me cogí un par de bikinis, faldas y pantalones cortos, unos cuantos largos por si acaso, camisetas… me puso de buen humor. Lo cierto es que, contra todo pronóstico, tenía ganas de que llegara el verano. Años anteriores me aferraba con uñas y dientes al invierno, deseando que se alargara todo lo posible para que no llegara el horrible verano, con el olor de la gente en el autobús hacia el centro, el olor de la gente en las clases, el olor de la gente en los bares… Buaj. Pero esa noche me sentía especialmente receptiva en cuanto al calor. No me parecía mala idea irme a una playa paradisíaca con un cantante de rock y su hermano. Sonaba un buen plan.
No tenía ganas de acostarme, así que decidí salir a hablar un rato con Isabel, quien se había quedado a ver un rato la tele en el sofá. Me senté a su lado y suspiré fuertemente. Ella despegó la mirada de una serie de hospitales.
-¿Estás contenta con Bill aquí?- no se preocupó de bajar la voz, ya que Bill no iba a entender nada.
-Mucho. ¿Y tú?
-Bueno, parece un tío bastante majo- viniendo de Isabel, casi pareció un cumplido.
-¿Ves como es simpático?
-Sí, me cae bien. Al principio no, pero no sé, se ha puesto a hablarme antes y… jo, ha sido muy raro. Yo estaba siendo borde, como siempre y un poquito más, ya me conoces. Y de repente va y estábamos hablando normal. Le he dado una oportunidad.
-Uau. Eso no es muy típico de ti.
-Ya, pero bueno, siempre se pueden hacer excepciones. Tampoco fui demasiado borde con Dani.
-Pero a él te lo quieres llevar al catre, y espero que a Bill no.
-No te preocupes, no es mi tipo. Pero bueno, soy un hueso duro de roer. Ninguno de los dos va a tener un camino de rosas, que lo sepas- se rió.
-Me lo imagino. Tú siempre tan agradable.
-Chorreo simpatía por todos los poros.
-Podrías dedicarte a ser asesora de simpatía.
-Sí, porque a este paso lo de ser la ‘profe’ amargada de inglés lo tengo chungo. No sé cómo narices aprobar lingüística, mira que es jodido…
-Siempre puedes hacerle un favor al profesor- sugerí.
-Suena tentador… pero es un hombre de unos cincuenta años, medio calvo y con el poco pelo que le queda, canoso. Tampoco es mi tipo.
-Chica, qué exigente. Bueno, tiene un hijo que va a segundo de bachiller- enarqué una ceja.
-Sí, podría seducirle…
-Aunque seguramente le caerías mal como nuera, así que no adelantamos nada.
-Cierto. Siempre puedo secuestrar al hijo y pedirle un rescate.
-O secuéstralo a él y tortúrale hasta que prometa aprobarte.
-Buena idea. Tomo nota. Nota para mí- se dijo mirando al techo con el dedo índice levantado-: secuestrar y torturar al de lingüística. Un plan sencillo.
Dejamos el tema de secuestros y torturas y volvimos a subirnos a nuestro mundo mirando la tele.
Era extraño que le cayera bien Bill, porque normalmente le caían mal todos los chicos con los que estábamos Belén y yo. De hecho, hasta nosotras le caíamos mal en algunas ocasiones. Vale, estaba exagerando. Mi amiga era muy blanda cuando se la conocía de verdad, pero no cuando la acabas de conocer y no tenía buena impresión previa. Quizás podría preguntarle a Bill a cerca del tema.
Pero el sueño estaba acabando conmigo, así que me despedí de mi amiga y me fui hacia la cama, nerviosa por el maravilloso viaje en el que estaba a punto de embarcarme.
Aunque, como ya había aprendido con anterioridad, demasiado tiempo con Bill alrededor podía conllevar consecuencias catastróficas, tanto para mí, como para Tom, como para él mismo.
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Caperuci



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MensajeTema: Re: El eco de tu voz   Lun Mayo 10, 2010 7:54 pm

bounce esperamos mass quel Very Happy
esto cada vez se pone mejor jeje
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>Mari<

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MensajeTema: Re: El eco de tu voz   Lun Mayo 10, 2010 8:22 pm

pobre Bill!!! tener que soportar esas preguntas!!! jajajaja!!!!
yo tambien me quiero ir a las maldivas con Bill y Tom!!!
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Raquelín

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MensajeTema: Re: El eco de tu voz   Dom Mayo 16, 2010 2:37 pm

CAPÍTULO 19

Un cosquilleo molesto me despertó de buena mañana. Me hacía cosquillas en la nariz, así que gruñí algo incoherente y giré la cara. La sensación extraña se trasladó a mi cuello, donde continuó molestando. Me revolví en la cama en forma de protesta y lancé un par de patadas que chocaron contra algo.

-Au…- escuché quejarse a ese algo-. Qué mal despertar

Abrí los ojos de golpe y me encontré con los ojos de Bill a escasos centímetros de los míos, enfocados directamente al centro de mis pupilas.

-Buenos días- sonrió-. Prepárate, porque nos vamos de viaje- dijo con voz aguda que trataba de imitar la emoción.
-No…
-Sí.
-Pero tengo sueño…
-Tienes que llevarnos al aeropuerto, así que ves despejándote si no quieres morir aplastada por un camión que viaja a más de cien kilómetros por hora.
-Gracias, ahora tengo más ganas de levantarme- murmuré.
-¿No quieres venirte conmigo a las Islas Maldivas?- hizo un puchero.
-¿Hay cama allí?- pregunté ya enjugazada.
-Creo que es de agua.
-Dios…
-Venga. Creo que Belén ya se ha levantado.

Rezongué un poco más y me puse en pie para estirarme por completo. Tenía la sensación de haber dormido muy poco, además de mal. No me encontraba bien.

Como de costumbre, me duché antes de desayunar. No me esmeré demasiado, ni siquiera me sequé el pelo. No sabía qué ponerme, pues allí haría calor y aquí frío, así que me puse manga corta y pantalones vaqueros, y encima un suéter y la chaqueta que podría guardar en la bolsa de mano una vez hubiéramos aterrizado en las islas.

Curando salí le tocó el turno a Bill, quien tardó mucho menos que yo. Pensaba que le costaría mucho más, pero estuvo listo antes de que yo terminara de desayunar mi café con leche y las magdalenas. Me llevé un zumo de naranja por si acaso y me di el gustazo de despertar a Isabel a gritos mientras Belén se desternillaba de la risa a mi lado. Salí escopeteada de casa antes de que me tirara por una ventana.

Contra todo pronóstico, Bill estaba de bastante buen humor. Estaba acostumbrada a su rostro torturado, no a verle sonreír durante tanto tiempo seguido. Me estuvo comentando cómo le gustaba el paisaje de España, y que estaba harto de ver siempre tanto paisaje verde. Yo le contesté que me había enamorado del paisaje de Alemania, y que estaba harta del paisaje español. Ambos nos reímos de lo estúpido que sonaba.

-Supongo que a nadie le gusta lo que tiene, ¿no?
-Hasta que lo pierde- terminé yo la frase típica.

Llegamos pronto al aeropuerto de Valencia y nos dio tiempo a facturar mi maleta sin problemas, e incluso nos tomamos algo esperando a que nos llamaran. No me gustaba volar tanto tiempo, pero no había más remedio. En total había diez horas de vuelo, o quizás un poco más. Dormí casi todo el trayecto desde Londres a Malé, y cuando llegamos estaba bastante desorientada, ya que eran las dos de la tarde, hora local, mientras que en mi reloj marcaban las seis de la tarde. Decidí no pensar en eso demasiado y dejarme llevar.

Resultó que el hotel no estaba en la isla de Malé y tuvimos que coger un barco a una isla bastante más pequeña un poco más al norte. Bill me explicó que el hotel ocupaba toda la isla.
Cuando pisé tierra firme, por fin, suspiré aliviada. Estaba agotada de tanto viaje, pero Bill parecía bastante contento. El hotel era bastante impresionante, y no teníamos habitaciones, sino que, directamente, pequeños chalets para dos personas a primera línea de la playa. Llegué a pensar que había muerto y estaba en el cielo.

Un botones me llevó la maleta y la bolsa de mano hasta nuestra casita, mientras Bill y yo íbamos a tomarnos algo al bar, que estaba en la piscina.

-Mira, ahí están los jacuzzy, la piscina grande, la de niños, y el puesto de helados. ¿A que es bonito? Bueno, y esa cosa extraña que parece un Bob Marley desteñido apoyado en la barra del bar es mi hermano.

Nos acercamos a saludarlo mientras yo alucinaba en tecnicolor. Era todo tan paradisíaco que temí estar soñando.

-Hola- saludó él compungido. Seguramente no le apetecía demasiado verme después de la noche en la coctelería-. ¿Cómo va todo?
-Bien, gracias.
-Deberíais ir a ver el chalet. Es impresionante, mejor que el del año pasado.
-¿Tú estás en el mismo que nosotros?- pregunté intentando parecer neutral, ya que no sabía muy bien si debía hablarle con odio o con amabilidad.
-No, yo estoy en el de al lado.
-Ah…

Nos bebimos un granizado bien frío a la sombra, ya que el sol abrasaba. En realidad me moría de ganas por probar ese maravilloso jacuzzy a la sombra de una palmera mientras me bebía un martini blanco, así que cogí a Bill del brazo y le forcé a que saliéramos echando chispas hacia nuestra ‘habitación’ a cambiarnos y empezar a disfrutar cuanto antes de nuestras vacaciones paradisíacas.

-¿No estabas cansada del viaje?- preguntó sarcásticamente.
-Por eso, quiero descansar tomándome un baño- le sonreí contenta.
-Claro, seguro que no tiene nada que ver el hecho de que vayas a tener a dos hombretones como Tom y yo a tu disposición mientras vagueas en la playa, ¿a que no?

Me sonrojé ante la idea de ver a los gemelos tomando el sol en bañador y deseé que mi mente fuera un poco más inocente y no tan tórrida.

-Te crees muy gracioso- escurrí el bulto.

Nos paramos frente a la puerta de una de las casitas de tejado rojo. Podía oler el olor salado del mar que tan enferma me ponía en España, pero en ese contexto me pareció fabuloso. Bill comprobó que se trataba de la correcta y abrió la puerta.

El interior no era muy grande, pero sí especialmente bonito. Había una cama enorme al fondo de la estancia, al lado una salida al exterior por medio de un cristal corredizo, protegido por una marquesina de madera, en esos momentos cerrada. Atisbé un aparato de aire acondicionado, cosa que me alivió bastante, ya que no quería ni imaginarme el calor que debía hacer por la noche, encima de tener a alguien al lado para dormir. Al lado de la cama había un par de mesitas de noche, con sus respectivas lámparas, y a los pies de ésta, mi gran maleta junto a otras dos, que supuse que eran de Bill.

Entramos un poco más y vi que a la derecha había otra estancia algo más grande, con un par de sofás color crema y una televisión de tamaño industrial, a parte de una alfombra preciosa y varios cuadros de palmeras y playas.

Una puerta al otro lado de la habitación ocultaba un cuarto de baño que quitaba el hipo. En el centro había una inmensa bañera donde cabían dos personas perfectamente- intenté que mi mente no viajara más allá de la realidad- y una ducha con hidromasaje, a parte de un lavabo y un inodoro que parecían salidos de un palacio. Definitivamente, aquello era el paraíso.

-Bill- suspiré-. Esto es genial…
-Lo sé- me abrazó por la espalda y me besó el cuello-. ¿Nos cambiamos y probamos la arena de la playa?- sugirió.
-Me parece una idea más que perfecta.

Corrí hacia la maleta y saqué a tirones el primer bikini que pillé, a cuadros blancos y negros, y me metí al baño para cambiarme. Cuando salía pedir auxilio a Bill para que me atara
decentemente el nudo del cuello, él ya estaba sentado en el sofá con su bañador rojo estilo hawaiano esperándome.

-Has tardado siglos- se quejó mientras me lo abrochaba.
-Mentira. Lo que pasa es que tú eres muy veloz.
-Será eso.

Me reí de su sarcasmo camuflado y me puse una falda para no ir medio desnuda todo el rato y una camiseta de tirantes encima, cogimos las chanclas y salimos con las toallas colgadas del hombro por la puerta corredera.

Ésta daba a una terraza con el suelo de madera, una pequeña mesa de cristal y unas cuantas sillas y hamacas a juego, todas con la misma tonalidad de los sofás del interior. Más allá, abriendo una pequeña valla de metal, nos topábamos directamente con la arena de la playa y las claras aguas del mar Índico.

Cuando el sol impactó contra mi piel no me resultó tan desagradable como esperaba. Abrasaba, pero no agobiaba. Era bastante reconfortante. Colocamos nuestras toallas a los pies de unas palmeras y corrimos hasta el agua, que estaba templada, cosa que a ambos nos agradó. Me hubiera gustado poder compartir esos momentos con mis amigas, pero al fin y al cabo estaba con Bill, quien estaba especialmente cariñoso conmigo.

De vez en cuando me dejaba atontada mirando su cuerpo mojado por el agua salada. Era, si cabe, más sexy todavía de lo que imaginaba, con esos impresionantes tatuajes, el pelo medio revuelto y las gafas de sol puestas. Después de chapotear un rato para relajar los músculos se acercó y empezó a besarme tranquilamente durante lo que me parecieron horas. Se estaba bien así, sin estrés, al aire libre en una playa impresionante de un hotel de lujo. Me costaba imaginar un momento mejor.

En ello estábamos cuando sentí cómo alguien se acercaba por el agua y nos tiraba agua por encima a los dos.

-¡TOM!- se quejó Bill. Siguió echándole el puro en alemán, señalando sus gafas chorreando.
-¿Qué tal el primer baño del año?- me preguntó el rubio ignorando por completo a su hermano.
-Genial. El agua está fantástica.

Me sonrió de una forma deslumbrante y se giró para hablar en alemán con Bill.

Mientras, yo me quedé helada. Si dijera lo contrario, me mentiría a mí misma. Me encantaba la sonrisa de Tom. Y su manera de mover las manos cuando hablaba. Lo miré con detenimiento, al mismo tiempo que mi mente procesaba la imagen y la convertía a cámara lenta. Su voz grave y rota resonando en el agua, y yo ahí mirándole. Bill se percató y yo fruncí el ceño automáticamente, fingiendo que miraba a su hermano con odio. No me apetecía que pensara cosas que no debía pensar.

Y el día transcurrió así. Si no estábamos tirados en las toallas tomando el sol, estábamos en el jacuzzy o en la piscina del hotel tomando unos cócteles. A la hora de cenar Bill pidió que nos trajeran la comida a la habitación para los tres, y cené un menú bastante ligero, basado en algo de ensalada y verduras para mí, y carne para ellos. No comprendí cómo podía apetecerles tanta cantidad de proteínas y calorías con el calor que hacía, pero ellos se excusaron diciendo que no era para tanto, y que no les gustaba toda esa comida verde.

Después me quedé hablando con Bill un rato más en la terraza mientras el aire acondicionado refrescaba la habitación para dormir mejor. Era fantástico poder estar abrazada a él, tumbados en una de las hamacas mirando el cielo y con las luces apagadas. Me pareció incluso cursi en su momento.

De repente subió la temperatura.

Bill empezó a besarme con más desenfreno que de costumbre e hizo que ambos nos levantáramos de donde estábamos y entráramos a trompicones en la habitación. Me deshice de su ropa con facilidad, y él hizo lo propio con la mía. Después, simplemente, caímos sobre la cama.
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MensajeTema: Re: El eco de tu voz   Lun Mayo 17, 2010 4:36 pm

Me encantoooo el capi
xfa subi otro rapido
kiero saber q paso

besoss
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MensajeTema: Re: El eco de tu voz   

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El eco de tu voz
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